Por: Javier de Miguel Muñoz Fecha: 22 junio, 2018 Categoría: Tendencias recursos humanos Comentarios: 0

El deporte profesional no se concibe sin entrenamientos. En la empresa la formación, en opinión de esta firma, todavía tiene que realizar ese camino. Aún no tiene el suficiente protagonismo dentro de las estrategias empresariales y lo reflejan los presupuestos destinados a ella.

Cierto es, que no son tan bajos y que mejoran cada año después de la crisis, pero no tienen un papel relevante en la estrategia. Y eso solo tiene una lectura: es algo importante, dentro de otras muchas otras cuestiones importantes.

Sin embargo, en el deporte profesional a nadie se le ocurre diseñar una estrategia de competición sin prever los entrenamientos que se van a necesitar para hacerla realidad y alcanzar el reto que marca el final de esa estrategia.

Posiblemente, en todos los retos relacionados con la transformación digital y las nuevas generaciones de profesionales, la brecha entre el camino que marca la estrategia para crecer y los profesionales que tienen que asumirla, está relacionada con esta necesidad de “entrenarlos” para poder hacer posible las líneas estratégicas.

¿Cómo tiene que ser la formación?

Según un encuentro realizado por el Foro de RRHH, un espacio multimedia dedicado a los recursos humanos y referente para esta firma en cuanto a información del sector, hay algunas conclusiones que debemos de tener en cuenta para ubicar a la formación dentro de las organizaciones.

La idea principal es que la formación tiene que ser un tema prioritario. No puede ser de otra forma. Las organizaciones no pueden avanzar sin profesionales entrenados para los entornos de competición donde deben de actuar: sus organizaciones.

Con la formación académica se preparan las bases de conocimiento (porque la preparación académica de las habilidades para usar ese conocimiento es un tema para otro post), para acceder a los negocios, empresas, organizaciones o entidades. Pero luego, hay que actuar dentro de ellas. Hay que ponerse a funcionar. Y ahí, empiezan los problemas.

Experiencias únicas.

Nos ha gustado mucho este concepto. No se suele abordar desde este término en la formación para la empresa. Un término muy relacionado con la atención al cliente. Hay un factor muy relevante en la eficacia de la formación: suele tener un papel poco atractivo para el profesional. Independientemente de los motivos, que no vamos a entrar a describir aquí, tener este concepto siempre en cuenta antes de realizar un plan de formación, seguramente mejorará de partida el formato que esta tiene que tener para ser aceptada y asimilada por los profesionales.

El acompañamiento.

Todos nuestros clientes obtienen impacto de los servicios de nuestra firma, porque estamos ahí con ellos para conseguirlo. Porque “peleamos” con ellos donde tienen que competir: en su puesto de trabajo. Si cuando adquieren un servicio formativo de nuestra firma, luego no tienen un acompañamiento interno por nuestra parte, para implantar las habilidades utilizadas dentro de su entorno de competición, la formación pierde toda su fuerza. Puede ser una experiencia única, pero vacía de eficacia. Ningún entrenador deportivo hace grandes entrenamientos que no tengan una incidencia decisiva en la competición.

Formación personalizada.

Formación participada y adaptada a las necesidades de nuestro cliente: nuestros profesionales. En deporte de competición, no todo el mundo entrena igual. Se entrena bajo una misma línea estratégica, pero cada deportista en función de su rol y funciones tiene también un trabajo específico que realizar. Y aporta al entrenamiento. No lo hace el entrenador solo desde su punto de vista y visión de experto. La opinión del deportista, que es quien luego tiene que ejecutar lo entrenado con la máxima intensidad y en condiciones de estrés, cuenta. Y cuenta mucho.

Los líderes, también tienen que estar.

Los entrenadores deportivos están durante los entrenamientos. De hecho, son los principales responsables de la preparación de sus equipos. Porque donde tienen que trabajar, de verdad, es en la competición. Pero donde tienen que prepararse para ese trabajo definitivo, es en los entrenamientos. Sin embargo, en la empresa cuesta mucho tener a los responsables dentro de los programas formativos. Probablemente, la figura del mentor en la empresa debería de cubrir ese rol del entrenador en el momento de los entrenamientos, siendo los líderes de los equipos quienes debieran asumir esa función, una vez terminada la formación. Esto evitaría gran parte de los problemas que tiene la formación empresarial actualmente.

Sin duda, son reflexiones que están sobre la mesa y que tienen por delante un camino, más largo del que deseáramos. La realidad de nuestro día a día con los clientes, nos lo indica así. El reto está en conseguir ese cambio.