Por: MCS Fecha: 28 mayo, 2018 Categoría: Ideas Recursos Humanos Comentarios: 0

Ganarse el respeto para dirigir recursos humanos no es fácil. Los recursos humanos, se quiera aceptar o no, tienen mucho que ver en los resultados de cualquier proyecto. Los retos empresariales, los proyectos organizativos, las actividades profesionales, los pequeños negocios… Todos tienen recursos humanos que realizan parte de la actividad empresarial. Y sin ellos, es imposible “sacarla adelante”.

Y esos recursos humanos necesitan estar vinculados al proyecto de trabajo. Y no es un tema generacional. No se trata de si son Millennials, Generación Z u otra de las que están llegando y de las que llegarán. No vamos a entrar en una descripción de generaciones.

La Psicología ha intentado categorizar personas desde sus inicios y se ha dado cuenta, hace mucho tiempo, que puede asociar ciertos rasgos, pero de ningún modo son definitivos para ubicar a las personas en una categoría u otra. Hacerlo con generaciones, es una tarea aún más complicada.

Recursos humanos, humanos con recursos, humanos en la oficina, personas, profesionales, equipos, millennials… No importa el nombre, ni si ese nombre empodera o no a las personas en las organizaciones. Lo que importa es si somos capaces de vincular a lo humano con los modelos trabajo donde tienen que desarrollar una actividad.

En el mundo del deporte, de donde procede toda la metodología de trabajo de nuestra firma, pasan generaciones, unas detrás de otra. El deporte nunca se ha parado a ver sus características y describirlas. Siempre ha puesto el acento en adaptar el entrenamiento a las condiciones de los deportistas y a las necesidades de la competición, que eran claves en ese momento.

Porque en el deporte, no existe este tipo de consideraciones, al menos de forma tan decisiva. Son las personas que tenemos en cada momento las que importan. Y lo que buscamos es que confíen en un proyecto deportivo. En un reto. Retarlas y trabajar con ellas para alcanzarlo. A esas personas les llamamos deportistas, jugadores, equipos, atletas u otras denominaciones. Y, sin embargo, se trabaja igual con todas: reto, compromiso, entrenamiento y competición.

Para retar hay que ganarse el respeto.

Pero para retar a las personas, el responsable del equipo tiene que ganarse el respeto de ellas. Sin respeto, no hay reto. No se puede buscar que los recursos humanos funcionen en un modelo de trabajo, liderado por una persona no respetada. Esa persona tiene que ser respetada tanto por la forma de comportarse como por la forma de hacer que el modelo de trabajo funcione.

Esa persona es la responsable de un equipo de profesionales. Tiene unos recursos humanos asignados para desarrollar un trabajo, siguiendo un modelo concreto que es propuesto por la empresa. Y tiene que hacerlos funcionar dentro de ese modelo.

Ese modelo puede estar perfectamente definido. Puede ser el ideal. Inmejorable. Pero si las personas no están comprometidas con ese formato de trabajo y con la persona que lo dirige, no habrá resultados. Mejor dicho, habrá resultados esperados, que son aquellos que se obtienen porque se hace lo que se tiene que hacer, no aquello en lo que se cree.

Y para creer, para que las personas crean en un modelo y en la persona que lo lidera, el respeto es fundamental. La pregunta es, ¿cómo se consigue ganar ese respeto? Javier Imbroda, uno de los socios fundadores de nuestra firma, utiliza tres palabras para responder a esta pregunta: conocimiento, dedicación y actitud.

Conocimiento.

El conocimiento es fundamental y es infinito. Nunca se termina de aprender. Porque cuando se deja de hacer, se pierde el respeto. Los recursos humanos, los profesionales, los equipos tienen que saber que el líder sabe. Que el líder, tiene conocimiento suficiente.

El suficiente para que el equipo crea que lo que está decidiendo, la persona que los guía es lo adecuado. Que lo que les comunica tiene fundamento. Hablarle a un equipo cuando no se está preparado para ello, solo consigue movilizar a los recursos humanos, para hacer lo que tienen que hacer. Ni más, ni menos. Lo justo y lo preciso. Lo que lleva a resultados esperados.

Dedicación.

Dedicarse a algo implica entregarse. Trabajar para hacerlo posible. Movilizar todos los recursos para alcanzar objetivos. Volcarse en el proyecto que se tiene que realizar.

Las personas observan y valoran a los que se entregan por una causa. Los recursos humanos valoran a los profesionales que se entregan a un proyecto. Que dedican horas de análisis para cumplir objetivos. Que dedican horas a escuchar en interactuar con los equipos. Que se vuelcan en las propuestas que los equipos les exponen para incorporarlas, en la medida de lo posible, en los proyectos.

Los recursos humanos se comprometen con los que no dejan nada al azar. Con los que están pendientes, al máximo de sus posibilidades, a los pequeños detalles. Esos pequeños detalles que marcan grandes diferencias.

Actitud.

Si tienes conocimiento, si tienes dedicación plena y si tienes actitud por alcanzar los retos, tienes un equipo. Según cómo se actúa cuando se trabaja en un proyecto, así estará de comprometido un equipo.

Actuar mirando hacia delante, buscando soluciones, trabajando para superar las limitaciones o apoyando a los recursos humanos para que avancen por el camino trazado, provoca compromiso por parte de los equipos con los proyectos en los que están trabajando.

Comportarse con una disposición hacia el crecimiento a cada momento, que permita superar las dificultades que aparecen siempre colaborando con el equipo, permite soldar la credibilidad de los responsables que guían y lideran proyectos.

También cuando no hay equipo.

Ganarse el respeto también sirve cuando no hay equipo. Cuando uno es su responsable ante un reto, también tiene que respetarse así mismo. Ese respeto pasa por mantener un nivel adecuado de conocimiento, esforzarse cada día dentro del rol profesional que se desempeña y mantener una actitud equilibrada ante las dificultades que se deban de superar.

En resumen, hay que ganarse el respeto cuando el objetivo es colocar en un papel importante a las personas en las organizaciones. Y no solo los profesionales que lideran equipos, las organizaciones también tienen que hacerlo. Estas tienen que ganarse el respeto de sus recursos humanos creando modelos de trabajo contrastados (conocimiento), ajustados a las personas (dedicación) y que ponga a disposición de los profesionales todos los recursos necesarios para trabajar con calidad (actitud).