Por: MCS Fecha: 18 Julio, 2017 Categoría: Formación, Habilidades Comentarios: 0

Después de formar a los profesionales y equipos en la empresa, necesitamos carga de entrenamiento. No podemos invertir en formación y “lanzar” a nuestros profesionales a trabajar con lo que han aprendido, esperando que el binomio ensayo/error y la experiencia, afiancen los comportamientos necesarios para que esos conocimientos, se puedan aplicar en el puesto de trabajo. Es un error gravísimo de cualquier metodología formativa para la empresa.

Hagamos un símil deportivo. Seria como si un entrenador enseñara a su equipo un movimiento táctico y luego pretendiera que lo realizara en la competición con la máxima eficacia, dejando que pasaran varios intentos en diferentes competiciones, hasta que el ensayo/error y la experiencia, generaran una mejora del rendimiento. Ese entrenador estaría destituido a las primeras de cambio por falta de resultados. Sin embargo, en el deporte profesional, lo que se entrena se utiliza en la competición. Luego, se valora el rendimiento y se toman decisiones sobre el resultado que ha producido esa utilización. En la empresa, al contrario, la formación no se “usa” en el puesto de trabajo y, además, no se sabe valorar bien sus resultados. Podemos revisar toda la literatura de Robert Brinkerhoff para avalar esta última afirmación.

Y es que cojamos la visión que cojamos, las empresas se han creado para competir y generar resultados. Para conseguirlos, no podemos formar a las personas con métodos que no consiguen generar un manejo adecuado de las habilidades relacionadas con el comportamiento humano, porque lo único que conseguimos, son profesionales y equipos que consolidan aún más sus hábitos de trabajo anteriores. Precisamente, aquellos que queremos superar.

No es ninguna tontería. Un profesional o un equipo, que no sabe utilizar comportamientos relacionados con el rendimiento humano (comunicación, dirección de equipo, planificación, control del estrés, liderazgo, evaluación del rendimiento…), tiene un serio problema para poner en marcha sus conocimientos técnicos (de finanzas, de logística, de compras, de atención al cliente, de ventas, de proyectos, de procesos de trabajo, de operativa, de diseño…).

Pero todavía aún peor, un profesional o un equipo que sí tiene un buen dominio de esas habilidades relacionadas con el rendimiento humano, tiene que competir con otros profesionales que también lo tienen. Por tanto, su “estado de forma” es clave para marcar la diferencia en un mercado de máxima exigencia competitiva entre empresas.

Aquí es donde entra en juego el concepto de carga de entrenamiento. Las acciones formativas en las empresas tienen que estar dotadas de volumen de horas de entrenamiento, no sólo de aprendizaje y experimentación. Los métodos habituales donde se trabajan las habilidades relacionadas con el rendimiento humano (role-playing, outdoor training, team-building, mentoring, coaching, mindfulness…), no permiten un entrenamiento y sí un ensayo práctico de lo aprendido.

El entrenamiento requiere un papel protagonista tanto del responsable del equipo, como de la persona o equipo que se entrena. Al mismo tiempo, necesita de un análisis muy detallado de la situación en la que hay que mejorar el rendimiento. Unido a todo lo anterior, una simulación de las situaciones laborales (en el deporte serían situaciones de competición) pero en un entorno más complejo y variante. Y por último, todo ello debe estar rodeado de una frecuencia y volumen de trabajo adecuados para que se produzcan dos cosas: transferencia e impacto.

Os hablaremos de cómo conseguir esa carga de entrenamiento en vuestra formación en próximos posts, donde también aclararemos con más detalle que entendemos por transferencia e impacto.

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