Por: MCS Fecha: 07 mayo, 2017 Categoría: Habilidades Comentarios: 0

Normalmente, decimos que no tenemos problemas para delegar en nuestros equipos. Que es un comportamiento que tenemos instaurado y que solemos utilizar con bastante frecuencia. No hace mucho tiempo, realizamos un entrenamiento en una conocida cadena de restaurantes, donde los profesionales nos garantizaban el comportamiento de mirar a los ojos a los clientes mientras se les atendía. La realidad es que sólo lo hacían en el 21% de las ocasiones. No hacemos siempre lo que decimos que hacemos.

La delegación es una de esos comportamientos que cumplen la regla anterior. Delegar implica dejar hacer a nuestro equipo o a un profesional que lo integra. Y eso, nunca es fácil. Tenemos muchos pasos que dar previamente, junto a nuestro equipo, antes de dejarlo funcionar de forma delegada.

Lo primero que necesitamos es una implicación progresiva. No podemos lanzarlos al vacío sin más, pasándoles una “patata caliente” y que la lleven a cabo lo mejor que puedan. Tenemos que estar presentes y participativos en los procesos que vamos a delegar en un futuro, porque si no los conocemos con detalle y tampoco sabemos cómo suele responder el equipo ante ellos, luego será imposible que los podamos delegar.

En segundo lugar, hay que saber calibrar la complejidad del reto. Tenemos que estar presentes en la consecución de los objetivos complicados. A veces, tendremos opciones de estar menos inmersos en la ejecución, más o menos como supervisores de las acciones. Pero en otras ocasiones, tendremos que estar involucrados en todas las actividades. Todo dependerá, además de la complejidad del reto y de los recursos que tengamos disponibles, de lo entrenado que esté nuestro equipo en los procesos de trabajo y de las veces que le hayamos dado oportunidades de ser autónomos y responsables en el pasado.

Ese es el tercer detalle a tener en cuenta, precisamente: responsabilidad y autonomía. Si delegamos en equipos que nunca antes han tenido la oportunidad de responsabilizarse de un resultado, lo que haremos es bloquearlos. El equipo no querrá asumir futuras responsabilidades e irá perdiendo su confianza, a medida que vaya pasando el tiempo y las oportunidades que les podamos presentar.

Y lo último, tienes que crearles un reto, pero de verdad. Tienes que hacerles lo no atractivo, apetecible. Tienes que buscar motivación, donde en principio, solo hay rutina y premura. Por eso es muy importante que busquemos un indicador objetivo que tengamos que superar. Los profesionales reaccionan siempre bien ante retos que tienen que superar, mientras tengan información objetiva acerca de ellos, como hacen los deportistas olímpicos cada cuatro años.

Así que no dejes de hacer autocrítica y revisa cuál es tu verdadero papel en esto delegar: si dejas hacer a tu equipo poco a poco; si te involucras con ellos en las cuestiones delegadas más complejas; si procuras que tengan responsabilidad y autonomía en la consecución del resultado; y si consigues que se estimulen con los retos que les planteas cuando delegas.

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