Por: MCS Fecha: 03 diciembre, 2014 Categoría: Ideas Recursos Humanos Comentarios: 0

En el mundo del deporte podríamos llamarlo “conductas de adherencia”, que es el grado de cumplimiento en las tareas que conlleva el entrenamiento diario. Basándonos en el libro “Psicología del Entrenamiento Deportivo” (Buceta 1998) algunas de estas claves transferidas al mundo organizacional serían:

Definir junto con el equipo de profesionales cuáles son las conductas que indican el grado de implicación.

Una vez definidas dichas conductas, establecer indicadores de medida que hagan visible el grado de cumplimiento, haciendo a los equipos de trabajo protagonistas de su propio desarrollo.

Con esto, con datos en las manos, podemos revisar los planteamientos y normas de funcionamiento, es decir, revisar “las reglas del juego”.

Escuchar y comprender la opinión del equipo ha de integrarse dentro de la organización como un hábito, no olvidemos que la implicación debe ser tanto descendente como ascendente.

No huir de la discusión individualizada con los profesionales del equipo. La discusión racional aliviará y resolverá dudas, provocando al mismo tiempo un ajuste en las expectativas y en la implicación.

Utilizar modelos relevantes dentro de la organización o de los equipos de trabajo. La gestión del conocimiento de los profesionales como impulsora de la implicación.

Proponer retos personales, siempre de común acuerdo con el profesional y en línea con la estrategia organizacional.

Hacer de los datos un valor añadido para la generación de implicación.

Como todas las habilidades, la implicación también puede ser entrenada y nunca está de más incluir este tipo de entrenamientos dentro del plan estratégico de los recursos humanos de la organización.

El objetivo final de estas 10 claves es doble: por un lado, que el profesional perciba que puede controlar con su propia conducta las demandas a las que se enfrenta diariamente y por otro, que esas conductas tienen un resultado directo no sólo en la organización, sino en su propio rendimiento.

Por ejemplo, en un hotel, se quiere poner en marcha una estrategia para mejorar la atención al cliente en la recepción. Junto con los profesionales que pertenecen al equipo de recepción, se revisan las conductas y tareas que se realizan y las que se pueden llevar a cabo para dicha mejora. Se acuerda que una de las tareas será la de revisar la hoja de reservas los primeros cinco minutos de la jornada, esto supondrá tener una visión general del día y así poder responder de manera adecuada a los imprevistos que puedan surgir.

En primer lugar, hemos conseguido implicar a nuestros profesionales en la creación de tareas adecuadas y en segundo, con los datos que obtendremos de los indicadores de resultado y rendimiento de esa tarea podremos “retar” a dichos profesionales para buscar la mejora continua en el desempeño.