Por: Javier de Miguel Muñoz Fecha: 11 septiembre, 2018 Categoría: Ideas Recursos Humanos Comentarios: 0

La clave de la motivación son los retos que los profesionales se proponen o que somos capaces de proponerles. Cuando estos quieren conseguir un reto laboral, embarcarse en un reto de equipo o asumir el reto de implantar una estrategia empresarial, entonces es cuando la motivación se pone en marcha.

En el mundo del deporte, por ejemplo, los entrenadores motivan a los profesionales con grandes discursos en los que siempre hay referencias, sólidas y objetivas, sobre el trabajo realizado durante las sesiones de entrenamiento. Saben que las palabras, a la hora de la competición, “se las lleva el viento”. Por eso, dentro de sus discursos siempre buscan proponer y destacar de forma, más o menos intencionada, los retos que se han planteado a lo largo de los entrenamientos y los que estarán presentes en la inmediata competición.

Los entrenadores deportivos no hablan de los objetivos que deben de conseguirse, sino de los retos que se quieren superar.

¿Cómo se activa la motivación?

Los retos son movilizadores motivacionales que evitan que la motivación permanezca en modo espera.

Son “chispas” que encienden la motivación que suele estar cómodamente adormecida, ya que activarla supone un enorme desgaste para las neuronas de nuestro cerebro y para los músculos de nuestro cuerpo. Prácticamente, es un mecanismo de supervivencia porque, si no fuéramos selectivos con aquello que nos motiva, terminaríamos por agotarnos físicamente y bloquearnos mentalmente.

Esto es debido a que la motivación conlleva una exigente actividad neuronal, relacionada con el procesamiento de patrones de comportamiento, el análisis de relaciones costes-beneficios, la realización constante de comparaciones con experiencias pasadas… Es decir, todo un sinfín de interacciones neuronales de una elevada intensidad y velocidad que, además, requieren ser repetidas a lo largo de un largo periodo de tiempo, ya que los retos no se consiguen de un día para otro. Y acompañando a toda esta actividad cerebral, se ponen en marcha con el mismo nivel de exigencia, todos los comportamientos y movimientos que tiene que realizar nuestro cuerpo para poder avanzar en el camino hacía el reto.

Utilicemos otro ejemplo deportivo para explicarlo. Los profesionales que asumen grandes desafíos como, por ejemplo, una travesía a nado recorriendo 1488 kilómetros, lo cual desde luego es todo un desafío, activan comportamientos relacionados con la perseverancia, la disciplina, la percepción y la concentración, tanto en los entrenamientos como durante la propia travesía. Estos comportamientos provocan un enorme desgaste físico y mental en el deportista. Físico, por el esfuerzo sostenido que tienen que realizar sus cuerpos para poder afrontar el reto, y mental por la exigente concentración constante que necesitan mantener durante el tiempo que dura la travesía. Por lo que queda claro que, sin la presencia del reto que enciende la “chispa” de la motivación, seria imposible aguantar todo ese desgaste al que están sometidos los nadadores profesionales de aguas abiertas.

El talento: la base de la resistencia motivacional.

Toda esa actividad y desgaste tiene que ocurrir de una forma eficiente, si se quiere afrontar el reto con opciones de éxito. Es decir, no se puede encender la motivación y luego esperar el milagro del éxito. Así que, para conseguir esa eficacia, la motivación da la orden de movilizar al talento.

Donde hay talento funcionando, hay motivación a pleno rendimiento.

El talento es un conjunto de comportamientos que poseen las personas para afrontar una tarea. Y hablamos de una serie de comportamientos, porque no hay patrones establecidos de talento para superar un reto. No hay un talento definido para cada reto. Al contrario, la motivación puede movilizar diferentes grupos de comportamientos que pueden ser igual de eficaces o de ineficaces para trabajar un reto. Por ejemplo, un jugador de golf puede realizar un swing (movimiento técnico para golpear la bola con el palo de golf) diferente al de otro jugador y, sin embargo, colocar la bola en el mismo sitio que ese otro jugador que ha utilizado un swing diferente.

Es decir, que el talento no tiene una única forma de actuar, pero sí un único camino para activarse: la motivación procedente de los retos. Lo que ocurre, es que una vez que la motivación consigue activar el talento, necesitamos que este se conecte con el reto para que pueda ajustar los comportamientos necesarios para superarlo. Digamos, que necesitamos que el talento tome la “forma” adecuada utilizando los comportamientos más eficaces y eficientes, en base al reto que tenemos por delante.

El entrenamiento: la llave que conecta reto y talento.

El talento viene de serie y no solo hay que activarlo, también es necesario conectarlo.

Para conectarlo hay que entrenarlo. El psicólogo Anders Ericsson encontró en su investigación que la repetición es clave para entrenar el talento. Pero tiene que ser una repetición en las condiciones adecuadas y con la dosis de motivación necesaria. No son 10000 horas de práctica, como concluyo erróneamente el periodista Malcolm Gladwell, en relación al estudio de este conocido psicólogo americano.

Todo lo contrario, el entrenamiento es un conjunto de condiciones ordenadas y diseñadas para crear repeticiones cada vez más eficaces de un comportamiento, hasta convertirlo en exitoso. La repetición exitosa de ese comportamiento ante un reto, puede definirse como talento.

A veces, muchos de esos comportamientos que forman el talento ya están activados en las personas o en los equipos, y el entrenamiento que necesitan está más orientado a “mantenerlos en forma”, de manera que el talento no se debilite. Porque el talento no está siempre “en forma” y hay que trabajarlo diariamente para que no se pierda.

Otras veces, el talento está activado pero no preparado. Puede llevar tiempo sin utilizarse. Incluso, puede que no se haya utilizado nunca. Y es ahí, donde el entrenamiento tiene un papel mucho más incisivo e intenso, buscando obtener el mejor patrón posible de comportamientos que tienen los profesionales y los equipos, de cara al superación de un reto.

El principal problema del talento no es encontrarlo, sino conectarlo con el reto.

¿Qué ocurre cuando no conseguimos el reto?

Ocurre que el talento movilizado por la motivación, no estaba entrenado para afrontar el reto. Cuando está entrenado, siempre obtenemos un resultado más o menos cercano al reto, a partir del cual, podemos replantearnos cómo seguir avanzando. Pero, cuando no lo está, solemos perder motivación por la falta de eficacia que hemos tenido a la hora de abordar el reto.

En ocasiones, también ocurre que utilizamos el talento equivocado pero con el pleno convencimiento de que es el adecuado para superar nuestro reto. El resultado no es el deseado, pero el impacto que tiene sobre el desgaste que se produce por un mal resultado en la motivación, es mucho más tolerable. En deporte, por ejemplo, los entrenadores hablan de que en competición es mejor realizar un comportamiento equivocado pero estando convencidos de él, que intentar un comportamiento sobre el cual se tienen dudas. El resultado del último es mucho peor, siempre.

Entonces, ¿qué seleccionamos talento o motivación?

Tenemos que seleccionar retos.

Si buscamos profesionales con retos, tendremos profesionales motivados dispuestos a activar y conectar su talento con la estrategia de nuestra organización, empresa, negocio o entidad.

Cuando buscamos profesionales motivados, tendremos que invertir tiempo en entrenar su talento, para conectarlo con nuestra estrategia o con nuestra forma de funcionar. Si seleccionamos profesionales con talento, tendremos que invertir tiempo en saber si quieren activarlo y conectarlo con nuestra estrategia.

Pero si seleccionamos profesionales por sus retos, solo tendremos que confrontarlos con nuestra estrategia y crear junto a ellos, las condiciones necesarias para convertirla en un reto. El ahorro en tiempo y las probabilidades de éxito son mayores. De hecho, así es como los grandes equipos y deportistas profesionales consiguen los éxitos, en los que tanto nos fijamos desde el entorno empresarial.

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