Por: MCS Fecha: 20 Junio, 2017 Categoría: Habilidades Comentarios: 0

“La toma de decisiones es una acción razonada y guiada por nuestra capacidad analítica consciente.” No estamos de acuerdo. La toma de decisiones, desde nuestra experiencia en el mundo del deporte, siempre la hemos vivido como una “intuición guiada”. Los profesionales del deporte ante una situación deportiva determinada, la evaluarán, obtendrán la máxima información que puedan sobre ella e intuitivamente tomarán una decisión. A veces, y por la lógica del contexto en décimas de segundo y otras veces, en días o semanas.

Cuando decimos que el deportista evalúa la situación, nos referimos a que recogerá información en forma de datos que le ayude conocer a qué se va a enfrentar en ese momento. Sin esa referencia objetiva de la situación, difícilmente podrá decidir con acierto y estaría “compitiendo a ciegas” que es lo que ocurre en la empresa cuando los directivos no aciertan a buscar información objetiva y toman decisiones basadas en sesgos e impresiones. Este modelo de decisión, se paga caro en el deporte. En el mundo de la empresa donde todo lo que ocurre es menos visible, se le echa la culpa al de al lado o a la incertidumbre del entorno y santas pascuas.

Una vez evaluado y casi al mismo tiempo, los deportistas utilizan el feedback del entorno en el que tienen que decidir. Ese feedback, procede del entrenador, los rivales, los compañeros, los entrenamientos, etc. y les sirve para matizar y perfilar toda la información acumulada de la evaluación.

Finalmente, todo lo anterior consigue que el deportista tome una decisión avalada por la intuición, que no es más que todas las decisiones y resultados que ya ha vivido tanto en entrenamiento como en competición y que están guardadas en el disco duro de su cerebro.

Para aplicar estos parámetros al mundo de la empresa hazte dos preguntas:
1. ¿Cuál es la situación en la que tú o tu equipo queréis tomar mejores decisiones? No es lo mismo una situación de venta con un cliente habitual que un cliente nuevo; ni tampoco es lo mismo decidir una retribución previa a un ERE que posterior a la presentación de resultados positivos. Por lo tanto, lo primero es acotar la situación a decidir.
2. ¿Cómo se decidió y qué resultados se consiguieron en anteriores decisiones parecidas?
Aquí es necesario hacer un esfuerzo consciente, aunque lo ideal es acudir al histórico. Por eso, en MindCompanySport ayudamos a directivos y mandos a que vinculen la decisión que tomaron con el resultado que les generó. Y eso se hace con lápiz y papel.

En resumen, tres conductas medibles para mejorar la precisión y la calidad del proceso de toma de decisiones: 1. Evaluación y recogida de información lo más objetiva posible; 2. Utilizar el feedback del entorno (equipo, clientes, proveedores); y 3. Dejar que la intuición guiada decida sin interferir. Porque el problema principal no es tomar la decisión sino convencer al cerebro de que es la mejor de las decisiones posible y pueda así, comprometerse con dicha decisión.

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