Por: Javier de Miguel Muñoz Fecha: 15 febrero, 2019 Categoría: Tendencias recursos humanos Comentarios: 0

La formación de los profesionales de la empresa cae un 16% y el problema según los sindicatos, antiguos gestores privilegiados junto a las organizaciones patronales de las subvenciones de los programas autonómicos y estatales, es que la actual formación no se ajusta al profesional y es ejecutada por entidades organizadoras (centros formativos), que básicamente ofrecen sus catálogos de cursos.

No cuadra.

Algo falla. Antes de 2015, las organizaciones patronales y sindicatos podían haber mejorado este resultado, buscando ese ajuste de la formación a las necesidades de los profesionales y no argumentar ahora que es ese ajuste, precisamente, la clave del problema. Y es que, son ya cuatro años seguidos de bajada consecutiva de las acciones formativas. Sin embargo, ha habido que cambiar la ley para mejorar el control de los fondos públicos por parte de las empresas y de los centros de formación, lo cual es sintomático de lo que se ha estado haciendo hasta ahora.

Los responsables.

Hay que dejar de creernos que el problema de la formación en la empresa es una cuestión tan solo de quién la ejecuta y controla. Es un error que está lastrando el rendimiento y la productividad de nuestros profesionales. Y lo está haciendo, precisamente ahora, cuando las reglas de la competición empresarial han cambiado y más que nunca se necesitan profesionales y equipos “en forma”.

La formación como herramienta de rendimiento.

La formación no funcionará mientras no se entienda que no es una herramienta de rendimiento. Es una herramienta de aprendizaje y experimentación. Y como tal, permite que las personas aprendan conocimientos e incluso los puedan “probar”. Pero lo que nunca va a ocurrir, es que estos conocimientos se incorporen de manera automática a los que ya tienen los profesionales que han sido formados, y mucho menos, se transfieran a sus actuaciones diarias en los puestos de trabajo.

Un gap a resolver.

La respuesta empresarial a este gap que hay entre lo que se forma y el tiempo que tarda en aplicarse en la organización (si se aplica algo), es la experiencia. La experiencia que permite ir haciendo ensayo/error con lo aprendido. Esa que ocurre, mientras el resto de organizaciones de la competencia, nos adelanta por la derecha porque, simplemente, decidieron formar antes a sus profesionales.

Ejemplo deportivo.

Si lo traducimos al mundo del deporte, es como si a un deportista o a un equipo profesional se le enseñara un movimiento táctico, y una vez mostrado y experimentado, en una sesión de trabajo, se le dijera: “mañana, en la competición, lo usas”. El 90% de los entrenadores que actuasen así, ya estaría despedidos por falta de resultados. Pero además, el 90% de los deportistas que trabajaran bajo ese modelo estarían frustrados e infelices. Seguro que podemos encontrar ejemplos empresariales que se ajusten a esta descripción.

Las habilidades empresariales (soft skills) tienen que ser entrenadas bajo CARGAS DE ENTRENAMIENTO.

Éstas permiten dotar a la formación de dosis adecuadas y progresivas de rendimiento en lo aprendido. La diferencia es que estas cargas posibilitan que los profesionales en vez de ir haciendo ensayo/error, vayan sumando aciertos que tienen cada vez más impacto en la organización. Es decir, una mejora continúa desde el primer momento, no un desajuste temporal del rendimiento mientras el azar de la experiencia nos da una oportunidad. Ya no se puede competir así.