Por: Javier de Miguel Muñoz Fecha: 10 julio, 2019 Categoría: Ideas Recursos Humanos Comentarios: 0

El equipo es más importante de lo que normalmente se piensa. No es una moda que se este continuamente referenciando su valor dentro de la empresa. Es una realidad que está ocurriendo, y en plena era digital. Los equipos, pueden dar mucha información clave de cómo mejorar una situación de bajo rendimiento empresarial.

La mayoría de nuestros clientes siempre que necesitan una mejora en sus negocios o solucionar una pérdida de resultados, buscan la explicación en los modelos de negocios, en las condiciones económicas, en factores políticos, en la evolución tecnológica o en cambios sociales de consumo. No están desencaminados, pero hace falta mucha más precisión en esa búsqueda si queremos un impacto real en el negocio.

¿Qué hacen nuestros clientes?

Esto no es una mera coincidencia. Los análisis PEST referenciados por las escuelas de negocio, que identifican los factores políticos, económicos, sociales y tecnológicos que influyen en las empresas, hacen que se busquen las razones ahí. Aunque, es cierto que, en muchas ocasiones, son conclusiones demasiado alejadas del día a día de los negocios. Digamos que son difíciles de concretar en la operativa diaria.

Entonces, y siguiendo con la formación empresarial que tienen nuestros clientes, recurren de forma más o menos consciente, al análisis de las cinco fuerzas de Porter. Buscan definir cómo es la relación con los proveedores en cuestión de costes y su alineación con el negocio; si los consumidores tienen capacidad para influir en el sector y en su forma de llegar a ellos; si hay productos o servicios que pueden generar el mismo valor en el mercado y por los que se pueden decidir los clientes; si existen posibles competidores que desestabilicen su cuota de mercado; y, por último, cuánto y cómo tienen que competir con el resto de los negocios que están dentro de su sector.

La realidad es que aquí tampoco encuentran un motivo concreto y claro, sino más bien una mezcla de todo, que acaba en decisiones que pretenden amortiguar los efectos que está teniendo la situación actual en la cuenta de resultados.

¿Qué ocurre con las decisiones que toman?

Cuando les preguntamos, entonces, qué están haciendo realmente para solucionarlo, siempre están ya tomando decisiones. Poniendo en marcha varias medidas. Y no están desencaminadas. De hecho, algunas consiguen cierta mejora sobre la cuenta de resultados. Incluso, estos resultados pueden hacer pensar que se está en la línea correcta.

Pero la realidad es que funcionan como “parches”, que crean una especie de espejismo, que los alienta a seguir apostando por esas decisiones hasta que las agotan, ya que su impacto produce algunos cambios, pero nunca los suficientes para reconducir la situación.

Y es que el problema de esas soluciones no es que sean equivocadas. Ni mucho menos. Nuestros clientes saben y conocen sus negocios. Han trabajado muy duro para ponerlos en marcha y sostenerlos en el tiempo. Lo que ocurre es que esas decisiones carecen de suficiente información de precisión.

Por eso, nuestra pregunta inicial siempre es la misma: “¿Habéis preguntado al equipo?”. Preguntar al equipo por el funcionamiento de las actividades claves del negocio, es fundamental y no es una moda, como decíamos al principio. Porque los equipos tienen lo que en deporte profesional se denomina información de alto rendimiento.

Los equipos conocen los pequeños detalles de funcionamiento que ya están dando pistas de que el modelo de negocio puede estar perdiendo fuerza y, además, esas mismas pistas nos pueden indicar cómo reconducirlo. Por eso, es tan importante siempre estar muy cerca de los equipos de trabajo y no tenerlos como meros recursos necesarios para la operativa del negocio.

¿Cómo les ayuda nuestra metodología deportiva?

En la competición deportiva los pequeños detalles marcan la diferencia en los resultados finales. Todos los equipos compiten bien, pero solo unos cuantos consiguen buenos resultados. Y no es casualidad, que aquellos que los consiguen y hacen que esos resultados se prolonguen en el tiempo, tengan una especial conexión entre entrenador y deportistas. Esa relación se crea “contando” con el equipo para analizar y decidir cómo afrontar las situaciones de rendimiento.

Por eso, lo primero que debemos de hacer cuando tenemos “malos resultados” es analizarlos con el equipo y preguntarles por soluciones. Y luego, tomarlas con ellos. Es decir, crear formas de trabajo, de manera conjunta con nuestros profesionales, que ayuden a afrontar la situación que tenemos definida como “el negocio no va bien”.

Ese trabajo conjunto permite que los profesionales aporten pequeños detalles del funcionamiento diario, que en la mayoría de las situaciones no tenemos, incluso aunque poseamos un amplío conocimiento de la operativa del negocio. Son esos detalles los que facilitan la información de precisión de la que hemos hablado antes y que es tan necesaria para conseguir que las decisiones tengan el mayor efecto posible sobre la cuenta de resultados.

Nuestra metodología permite poner en el mismo camino, a todos los implicados en el negocio. No importa el tamaño, el sector o el nivel de compromiso del que se parta. Lo que importa es tomar la decisión de poner a funcionar el negocio, “contando” con el equipo de profesionales que lo integran.

Esto implica no solo hacerlos partícipes, no solo comunicarse con ellos, no solo mejorar el sistema de retribución, no solo fomentar la conciliación laboral, no solo mejorar su formación. Va mucho más allá. Implica crear la estrategia y modificar el modelo de negocio, con ellos. Los resultados son inmensamente más potentes. Y lo más curioso de todo, todas las mejoras descritas al inició de este último párrafo, pasan a un segundo plano y se van decidiendo realizar de forma natural.

Porque no hay nada más contundente para el rendimiento empresarial como el talento que surge de los equipos, cuando éstos están comprometidos con un modelo de trabajo. Y los resultados que generan permite a nuestros clientes tomar decisiones relacionadas tanto con el modelo de negocio, como con la mejora de las condiciones de esos equipos. Decisiones que, sin esta forma de trabajar, serían vistas como una exigencia del equipo, que para nada estarían acorde con el momento de bajo rendimiento del negocio.